¿Podemos Corroborar Los Evangelios Aunque No Podamos Verificar Todos Los Detalles?

Cuando los miembros del jurado evalúan a testigos en casos penales, examinan la evidencia en un esfuerzo por corroborar las declaraciones de los testigos. Los miembros del jurado buscan alguna confirmación limitada de los hechos expuestos en el estrado. Imagínate, por ejemplo, que el te130-300x200stigo declare que el sospechoso de robo se acercó a una cajera del banco, la apuntó con un arma (usando la mano derecha), comenzó a subirse sobre el mostrador (usando la mano izquierda), le gritó a la cajera, y exigió que ella le diera el dinero de la caja registradora. Los miembros del jurado podrían querer algunas pruebas adicionales para confirmar que la declaración del testigo es exacta. Como resultado, los fiscales podrían presentar una huella digital (o la de un zapato) encontrada en el mostrador en un esfuerzo por corroborar el testimonio. Si las huellas dactilares en el mostrador coinciden con las huellas dactilares de la mano izquierda del sospechoso y la huella del zapato coincide con el zapato del sospechoso, la declaración del testigo se considera confiable y corroborada por la evidencia.

Pero ¿te diste cuenta de que las huellas del mostrador no confirman las acciones específicas del sospechoso, más allá de su contacto con la superficie? Esta evidencia corroborativa no nos dice nada acerca de por qué se subió al mostrador, nada sobre su posesión de un arma de fuego, y nada sobre su demanda de dinero. Mientras que las huellas dactilares y la huella del zapato corroboran la declaración del testigo, lo hacen sin establecer todos los posibles detalles. Esta es la naturaleza de la evidencia corroborativa; cada pieza se refiere y verifica un “punto de contacto”: un pequeño aspecto del testimonio que es suficiente para corroborar el testimonio en general. Incluso si la fiscalía tuviera una cinta del vídeo de todo el robo, muchos aspectos del testimonio del testigo no podrían corroborarse (como la parte audible del crimen, por ejemplo). En algún punto, los miembros del jurado tienen que confiar en lo que el testigo tiene que decir sobre el evento. La evidencia corroborativa siempre verifica una gama limitada de las declaraciones de los testigos.

Este también es el caso de la evidencia que corrobora el testimonio de los escritores de los Evangelios. Los escépticos a menudo argumentan que la corroboración de los Evangelios es demasiado limitada, pero la naturaleza de la evidencia corroborativa no debería sorprendernos. Debemos esperar encontrar corroboración de “puntos de contacto”; detalles parciales que tienden a corroborar la declaración en general.

Entonces, cuando la arqueología confirma un porcentaje limitado de las afirmaciones geográficas de los evangelios, esto debe ser visto como un paso significativo hacia la corroboración. Cuando un autor no cristiano del siglo I menciona algún aspecto limitado de la narrativa cristiana, esto debe ser visto como un paso significativo hacia la corroboración. Cuando la evidencia interna (la descripción correcta de los nombres propios, la estructura del gobierno y el entorno cultural del siglo I) corrobora algún aspecto limitado de los Evangelios, esto debe ser visto como un paso significativo hacia la corroboración. Y cuando todas estas evidencias corroborativas son consideradas en conjunto, esto debe ser visto como una verificación razonable de los testimonios que figuran en los Evangelios.

La evidencia corroborativa siempre es limitada; siempre se dirige a algún pequeño aspecto del evento en cuestión. Los miembros del jurado luego extrapolan, a partir de esta corroboración, la confiabilidad del testimonio. Lo hacen después de evaluar el testimonio con las otras tres preguntas que describí en Cold-Case Christianity (“¿Estuvieron presentes?” “¿Fueron honestos y precisos?” y “¿Tenían algún motivo para mentir?”). No podemos esperar que la evidencia corroborativa establezca cada afirmación del testigo. En cambio, la evidencia corroborativa nos proporciona otra pieza importante del rompecabezas de la confiabilidad. En algún punto, tenemos que confiar en lo que los testigos nos dicen sobre el evento.

Traducido de: http://coldcasechristianity.com/2013/we-can-corroborate-the-gospels-without-verifying-every-detail/#sthash.JzRpQxVX.dpuf

Jim Warner Wallace es autor de Cold-Case Christianity, tiene una trayectoria de más de 25 años como policía y detective, posee un Master en Teología por el Seminario Teológico Golden Gate Baptist y es profesor adjunto de Apologética en la universidad de BIOLA.

La Naturaleza Evidencial y Razonable de la Fe Cristiana

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Cuando Juan el Bautista envió a sus discípulos a preguntar a Jesús “¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?”. Jesús no reprendió a Juan por su duda o le dijo que simplemente “confíe” ciegamente en él. No, en cambio “en esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista.” y Él les dijo: “Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio”

Los escépticos a veces retratan a los cristianos tanto “irrazonables” como “irracionales”. La cultura cristiana sólo agrava el problema cuando se aboga por una definición de “fe” sin evidencia. ¿Es la verdadera fe ciega? ¿Cómo los verdaderos creyentes responden a la duda? ¿Cuál es la relación entre la fe y la razón? Richard Dawkins dijo una vez:

“Muchos de nosotros veíamos a la religión como una tontería inofensiva. Puede ser que las creencias carezcan de toda evidencia, pero pensábamos  <<si la gente necesita una muleta para consolación, ¿dónde está el daño?>> El 11 de septiembre lo cambió todo”

Este punto de vista de la fe cristiana es común entre los escépticos y creyentes por igual. Los críticos piensan que los cristianos aceptan las verdades sin ningún tipo de apoyo justificativo y muchos cristianos abrazan las afirmaciones del cristianismo inconscientes de la fuerte evidencia que apoya a nuestra visión del mundo. Dawkins tiene razón cuando argumenta en contra de la formación de creencias sin pruebas. Las personas que aceptan las verdades sin ningún examen o sin  necesidad de evidencia son propensas a creer los mitos y tomar malas decisiones.

Los Cristianos estamos llamados a una Fe Razonable

Los cristianos, al contrario, no son llamados a tomar decisiones sin pruebas convincentes. El Dios de la Biblia no llama a sus hijos a obedecer ciegamente. Son los Evangelios mismos una forma importante de pruebas directas; el testimonio de testigos presenciales que observaron la vida, el ministerio, la muerte y resurrección de Jesús. Es por eso que las Escrituras repetidamente nos llaman a tener una creencia fundamentada en Cristo, y no recurrir a la conducta de los animales irracionales:

Judas 1,4.10

4 Porque algunas personas que no tienen a Dios se han infiltrado en sus iglesias diciendo que la maravillosa gracia de Dios nos permite llevar una vida inmoral. La condena de tales personas fue escrita hace mucho tiempo, pues han negado a Jesucristo, nuestro único Dueño y Señor. 10Pero esa gente se burla de cosas que no entiende. Como animales irracionales, hacen todo lo que les dictan sus instintos y de esta manera provocan su propia destrucción.

La Biblia usa esta palabra “irracional” de manera peyorativa; ser irracional es actuar como un animal bruto. Dios claramente quiere más de seres creados a su imagen.

Los Cristianos estamos llamados a una Fe Examinada

Mateo 22, 37-38

“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primer y más grande mandamiento.”

Este tipo de fe no tiene miedo de desafíos. De hecho, se anima a los cristianos a examinar lo que ellos creen críticamente para que puedan estar plenamente convencidos:

1 Tesalonicenses 5, 19-21

No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno…

1 Juan 4, 1

Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.

Romanos 14, 5

Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.

2 Timoteo 3, 14

Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién lo has aprendido…

Los Cristianos están llamados a una Fe Evidencial

El examen crítico nos obliga a investigar las evidencias, y Dios tiene a las evidencias en alta estima. Él quiere que estemos convencidos después de examinar los hechos. Jesús valora las pruebas y proporciona continuamente pruebas para presentar su caso:

Juan 14, 11

“Créanme que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí; o por lo menos, crean por las milagros mismos.”

Jesús continuó dando evidencia a sus discípulos, incluso después de su resurrección:

Hechos 1, 2-3

… hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indudables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.

Los primeros cristianos entendieron la conexión entre la razón, la evidencia y la fe, y no vieron estos conceptos como mutuamente excluyentes. De hecho, Pablo utiliza a menudo evidencia directa para hacer su caso para el cristianismo:

Hechos 17, 30-31

“En la antigüedad Dios pasó por alto la ignorancia de la gente acerca de estas cosas, pero ahora él manda que todo el mundo en todas partes se arrepienta de sus pecados y vuelva a él. Pues él ha fijado un día para juzgar al mundo con justicia por el hombre que él ha designado, y les demostró a todos quién es ese hombre al levantarlo de los muertos”

Hechos 17, 2-3

Como era su costumbre, Pablo fue al servicio de la sinagoga y, durante tres días de descanso seguidos, usó las Escrituras para razonar con la gente.  Explicó las profecías y demostró que el Mesías tenía que sufrir y resucitar de los muertos. Decía: «Este Jesús, de quien les hablo, es el Mesías»

Los Cristianos estamos llamados a Hacer el Caso para la Fe:

Cuando los creyentes usamos nuestras mentes, investigamos la evidencia y nos convencemos, algo maravilloso sucede: Tenemos el coraje para defender lo que creemos utilizando la misma evidencia, lógica y el razonamiento que utilizamos enérgicamente para llegar a la fe en primer lugar:

1 Pedro 3:15

…adoren a Cristo como el Señor de su vida. Siempre estén listos para dar una explicación a todo quién pregunte sobre la esperanza que tienen, pero háganlo con humildad y respeto

Los cristianos de todas las disciplinas de la investigación y el descubrimiento han utilizado su poder de razonamiento para investigar las pruebas. Los cristianos NO son irracionales, y la fe cristiana NO es ciega. La rica historia intelectual del cristianismo llama a cada uno de nosotros a tener una fe razonable, examinada, basada en evidencia y lista para ser presentada. Este tipo de fe honra a Dios y resiste a la crítica escéptica y a la duda personal.

Jim Warner Wallace tiene una trayectoria de más de 25 años como policía y detective, posee un Master en Teología por el Seminario Teológico Golden Gate Baptist y es profesor adjunto de Apologética en la universidad de BIOLA.

Enlace original: http://coldcasechristianity.com/2013/the-reasonable-evidential-nature-of-christian-faith/

El Caso Para la Datación Temprana de los Evangelios

¿De cuán temprano estamos hablando?

¿Cómo sabemos lo que sabemos acerca de Jesús? ¿Cómo podemos estar seguros de que podemos confiar en lo que nos han dicho acerca de él? Para contestar estas preguntas, es importante que determinemos si los Evangelios son, de hecho, verdaderos testimonios de la vida de Jesucristo. El primer criterio para evaluar la veracidad de un testigo nos obliga a responder a la pregunta “¿Estuvieron los supuestos testigos presentes en primer lugar?”. Al igual que muchos eruditos liberales, cuando era ateo respondí a esta pregunta con el argumento de que los Evangelios fueron escritos en el siglo II o III, mucho más cerca del establecimiento del Cristianismo en el Imperio Romano que de la supuesta vida de Jesús:

 

 

Capítulo 11 a

 

 

 Antes de que siquiera pueda considerar a los Evangelios como relatos de testigos, tenía que decidir donde se encontraban en esta línea de tiempo. Si los escritores aparecieron por primera vez hacia la derecha (más cerca de los concilios de la iglesia y el establecimiento formal de la Iglesia Católica), había buenas razones para dudar de que eran verdaderos testigos de los sufrimientos de Cristo (1 Pedro 5:1) o de que ellos realmente vieron a Jesús con sus propios ojos (1 Juan 1: 1-3). Si, por el contrario, los escritores aparecieron a la izquierda de la línea de tiempo, por lo menos podría empezar a considerarlos seriamente. Cuanto más se cerca se encontraran de la vida y el ministerio de Jesús, más seriamente podría considerar sus afirmaciones.

 Vamos a echar un vistazo a la evidencia histórica y textual relacionada con los evangelios y a determinar cuán temprano aparecieron por primera vez en la historia. A medida que avanzamos en la datación temprana de los evangelios, recordemos que mientras más nos acercamos al tiempo de la vida de Jesús con un conjunto específico de pruebas, construimos un caso aún más fuerte para el grupo anterior de pruebas ofrecidas. El caso acumulativo para la datación temprana se hace más fuerte con cada línea adicional de evidencia:

 1) Más temprano que 250 DC

El 19 de noviembre de 1931, los “Papiros Bíblicos Chester Beatty” fueron revelados al mundo. Este grupo de antiguos papiros de Afróditopolis contiene once manuscritos, de los cuales tres son fragmentos del Nuevo Testamento, incluyendo los cuatro evangelios canónicos. Estos últimos han sido datados entre 200 – 250 DC. A partir de la existencia de estos papiros podemos concluir que los evangelios se escribieron antes del 250 DC.

 2) Más temprano que 200 DC

Otro gran grupo de papiros antiguos fueron descubiertos en Egipto en 1952. Los “Papiros Bodmer” fueron descubiertos en las antiguas sedes del orden Pacomio de monjes en Pabau, cerca Dishna. El conjunto de papiros contiene un texto del Evangelio de Juan que data de la primera parte del siglo III (cerca de 200 – 225 DC). Dado que Juan es aceptado por los estudiosos como el último evangelio escrito, es razonable concluir que los otros evangelios estaban en circulación antes del 200 DC.

 3) Más temprano que 180 DC

Taciano el Asirio fue un teólogo cristiano que vivió desde el 120 hasta el 180 DC. Tal vez su obra más importante fue un texto conocido como el “Diatessaron”; se trata de una armonización de los cuatro evangelios. Este trabajo se convirtió en el texto estándar para las iglesias cristianas de habla siria durante casi 500 años. Fue escrito obviamente antes de la muerte de Taciano en 180 DC y demuestra que los cuatro evangelios ya estaban en circulación y bien conocidos en el momento en que Taciano se dio a la tarea de armonizarlos.

 4) Más temprano que 150 DC

Muchos de los primeros Padres de la Iglesia estaban familiarizados con los evangelios y los citaron en sus propias cartas y escritos. Justino Mártir, en su “Primera Apología” (150 DC) cita y alude al capítulo 3 del Evangelio de San Juan (1. Apol 61, 4-5). Esto es consistente con el hecho de que Justino era el maestro de Taciano y seguramente sabía lo que Taciano sabía sobre los evangelios existentes. El uso de Justino del Evangelio de Juan empuja la datación de los evangelios otros 30 años hasta el 150 DC.

 5) Más temprano que 130 DC

Según Eusebio, Papías de Hierápolis mencionó los escritos de Mateo y Marcos cuando él (Papías) escribió sus cinco volúmenes de “Exposición de los Oráculos del Señor” alrededor del 130 DC. Esto es consistente con el hecho de que el famoso “Papiro Rylands” (el fragmento de papiro más antiguo conocido del NT hasta ahora) contenga un fragmento del Evangelio de Juan que data del mismo período de tiempo (130 DC). Los Papiros Rylands se descubrieron en Egipto y contienen miles de fragmentos de papiros. Es razonable concluir que el Evangelio de Juan se escribió antes del 130 DC dado el hecho de que fue obviamente escrito, copiado y transmitido de Grecia a Egipto durante algún período de tiempo antes de que se convirtiera en parte de esta colección.

 6) Más temprano que 120 DC

Policarpo fue un discípulo del apóstol Juan (o tal vez de Juan el evangelista) y más tarde se convirtió en el obispo de Esmirna durante el siglo II. Es considerado como uno de los tres Padres Apostólicos más importantes y el único trabajo sobreviviente de Policarpo es una epístola que escribió a la Iglesia Filipense en 120 DC. Policarpo cita a los evangelios y a otros libros del Nuevo Testamento en este documento; por lo tanto, es razonable concluir que los evangelios existían y ya eran bien conocidos antes de 120 DC.

 7) Más temprano que 110 DC

Ignacio fue el obispo de Antioquía a finales del siglo I o principios del siglo II. Escribió varias cartas alrededor del 110 DC que citan o aluden al Evangelio de Mateo. Sus cartas para Éfeso, Esmirna y Policarpo citan o aluden a Mateo 12:33, 19:12 y 10:16. Dado el tiempo de estos escritos, es claro que Mateo ya estaba en circulación y bien aceptado.

  8) Más temprano que 100 DC

Además de esto, la “Didajé” o “La Enseñanza de los Doce Apóstoles” también cita la versión de Mateo de la Oración del Señor en Didajé 8:1. La Didajé se descubrió por primera vez en un monasterio de Constantinopla y claramente fue utilizada por los primeros cristianos. Atanasio la describió como “designada por los Padres para ser leída por aquellos que recién se unen a nosotros y que desean la instrucción en la palabra de Dios”. La Didajé data aproximadamente del año 100 DC; otra evidencia de que el Evangelio de Mateo ya estaba en circulación y ampliamente conocido para esta época.

  9) Más temprano que 95 DC

Clemente está catalogado como el segundo o tercer obispo de Roma (después de Pedro) y escribió una carta a la congregación de Corinto que se conoce como “Primera Epístola de Clemente”. Esta carta está fechada comúnmente hacia el final del reinado de Domiciano en Roma (95 o 96 DC). Clemente utiliza secciones del evangelio de Mateo en 1 Clemente 13:1-2, una vez más, estableciendo que el evangelio de Mateo ya estaba en circulación y era citado en el año 95 DC.

  10) Más temprano que 70 DC

Probablemente el acontecimiento más importante del siglo, sobre todo para los judíos y los cristianos conversos, fue la destrucción del Templo de Jerusalén en el 70 DC. Roma envió un ejército a Jerusalén en respuesta a la rebelión judía del 66 DC. El ejército romano (bajo la dirección de Tito) destruyó el templo en el 70 DC, justo como Jesús lo había predicho en los Evangelios. Sin embargo, ningún evangelio registra la destrucción del templo. De hecho, no hay ningún documento del Nuevo Testamento que menciona o alude a la destrucción del templo, a pesar de que en muchas ocasiones la descripción de la destrucción del templo podría haber ayudado a establecer una verificación teológica o histórica. La explicación más razonable para el silencio respecto a la destrucción del templo es que todos los documentos del Nuevo Testamento, incluyendo los evangelios, fueron escritos antes del 70 DC.

 11) Más temprano que 64 DC

Lucas, el autor de “Los Hechos de los Apóstoles”, no dice nada acerca de:

  • La Destrucción del Templo (70 DC)
  • La Guerra de los Judíos con los Romanos (66 DC)
  • La persecución de la Iglesia por el ejército Romano (64).
  • El martirio de Santiago (61 DC)
  • El martirio de Pedro (65 DC)
  • El martirio de Pablo (64 DC)

De hecho, Pablo sigue vivo al final del libro de los Hechos. Además, muchas de las expresiones utilizadas por Lucas en el libro de los Hechos son muy tempranas y primitivas y encajan bien en el contexto de Palestina antes de la caída del templo. Es razonable, por lo tanto, datar la redacción de los Hechos antes del 64 DC.

Lucas escribió el libro de los Hechos y el Evangelio de Lucas. Estos dos textos contienen introducciones que los unen en la historia. En la introducción del libro de los Hechos, Lucas se refiere a su “primer libro”, donde él “escribió acerca de todo lo que Jesús hizo y enseño hasta el día en que fue llevado al cielo”. Si es razonable concluir que el Libro de los Hechos fue escrito antes del 64 DC, también es razonable concluir que el Evangelio de Lucas fue escrito en años anteriores a este. Pablo ciertamente sabía que El Evangelio de Lucas era de dominio público alrededor del 64 DC cuando escribió su carta a Timoteo. Tengamos en cuenta el siguiente pasaje de su carta:

 

1 Timoteo 5, 17-18

Los ancianos que cumplen bien su función deberían ser respetados y bien remunerados, en particular los que trabajan con esmero tanto en la predicación como en la enseñanza. Pues la Escritura dice: «No le pongas bozal al buey para impedirle que coma mientras trilla el grano». Y dice también: « ¡Todo el que trabaja merece recibir su salario! »

 Pablo cita dos pasajes como Escritura aquí; uno en el Antiguo Testamento y uno en el Nuevo Testamento. «No le pongas bozal al buey que trilla”, se refiere a Deuteronomio 25, 4 y “El obrero es digno de su salario” se refiere a Lucas 10, 7. Está claro que el evangelio de Lucas ya era de conocimiento público y aceptado como Escritura cuando esta carta fue escrita. Por lo tanto, es razonable suponer que el evangelio de Lucas fue escrito en la década de los 60.

 12) Más temprano que 60 DC

Al igual que el libro de los Hechos, ninguno de los evangelios menciona cualquiera de los hechos ocurridos después del 61 DC. El más antiguo de estos evangelios, Marcos, es citado en varias ocasiones por Lucas en su evangelio. Esto no debe sorprendernos; Lucas nos aclaró que él no fue un testigo presencial, sino simplemente un buen historiador que estaba consultando a los testigos de la época:

Lucas 1, 1-4

Muchas personas han intentado escribir un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros. Se valieron de los informes que circulan entre nosotros dados por testigos oculares, los primeros discípulos. Después de investigar todo con esmero desde el principio, yo también decidí escribir un relato cuidadoso para ti, muy honorable Teófilo,  para que puedas estar seguro de la veracidad de todo lo que te han enseñado.

 

Es razonable creer que el evangelio de Marcos ya estaba en circulación con anterioridad a la investigación de Lucas. Si Lucas escribió su Evangelio en los años 60, podemos suponer que el Evangelio de Marcos fue escrito antes de eso, colocándolo en los finales de los 50.

 13) Más temprano que 55 DC

Mientras que los eruditos liberales se inclinan a negar que Pablo es el autor de todas las cartas que se le atribuyen en la Biblia, incluso los eruditos más escépticos están de acuerdo en que Pablo es el autor de las cartas escritas a los Romanos, a los Corintios y a los Gálatas, y que estas cartas fueron escritas en un período que abarca desde el 48 DC  hasta el 60 DC. La Carta a los Romanos se suele datar en el 50 DC y revela algo importante relacionado con la temprana existencia de los evangelios. Pablo comienza la carta proclamando que Jesús es el “Hijo de Dios” resucitado; Pablo describe ya una “alta cristología” en esta carta.  Jesús no es simplemente un profeta humilde que fue transformado en Dios por medio de una evolución mitológica durante cientos de años. Él es el Jesús de los evangelios en las cartas de Pablo, sólo 17 años después de la Resurrección. De hecho, el esquema de Pablo de la vida de Jesús coincide con el de los evangelios. En 1 Corintios 15, Pablo resume el mensaje de los evangelios y refuerza la idea de que este mensaje es el que le entregaron los apóstoles. En su carta a los Gálatas (escrita en los mediados de los 50) Pablo describe su interacción con estos apóstoles (Pedro y Santiago) y dice que la reunión se produjo por lo menos 14 años antes de la redacción de la carta (Gálatas 1:18, cf. 2:1). Esto significa que Pablo vio a Cristo resucitado y aprendió acerca de los relatos de los evangelios de los testigos oculares (Pedro y Santiago) dentro de los 5 años posteriores a la Crucifixión. Por eso Pablo pudo decirle a los Corintios (en su carta escrita en 53-57 DC) que todavía había muchos testigos vivos que podían confirmar los relatos de la resurrección:

 

1 Corintios 15:3-7

Yo les transmití a ustedes lo más importante y lo que se me había transmitido a mí también. Cristo murió por nuestros pecados tal como dicen las Escrituras. Fue enterrado y al tercer día fue levantado de los muertos, tal como dicen las Escrituras. Lo vio Pedro y luego lo vieron los Doce.  Más tarde, lo vieron más de quinientos de sus seguidores a la vez, la mayoría de los cuales todavía viven, aunque algunos ya han muerto. Luego lo vio Santiago, y después lo vieron todos los apóstoles. 

 

La descripción de Pablo sobre Jesús nunca cambia en los muchos años durante los cuales escribió cartas a las iglesias locales. Pablo se mantiene firme en la manera en que describe a Jesús. No existe una lenta evolución de Jesús de hombre a Dios, a pesar de que las cartas se Pablo extienden durante 12 a 15 años. Pablo tiene sus raíces en la descripción de Jesús dada por los evangelios desde su primera reunión con los testigos que conocieron personalmente a Jesús. Pablo también parece estar familiarizado con el Evangelio de Lucas al escribir su carta a la Iglesia de Corinto. Nótese la similitud entre la descripción de Pablo de la Cena del Señor y la del Evangelio de Lucas:

1 Corintios 11:23-26

Pues yo les transmito lo que recibí del Señor mismo. La noche en que fue traicionado, el Señor Jesús tomó pan y dio gracias a Dios por ese pan. Luego lo partió en trozos y dijo: «Esto es mi cuerpo, el cual es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria de mí». De la misma manera, tomó en sus manos la copa de vino después de la cena, y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto entre Dios y su pueblo, un acuerdo confirmado con mi sangre…»

 

Lucas 22:19-20

Tomó un poco de pan y dio gracias a Dios por él. Luego lo partió en trozos, lo dio a sus discípulos y dijo: «Esto es mi cuerpo, el cual es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria de mí».  Después de la cena, tomó en sus manos otra copa de vino y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto entre Dios y su pueblo, un acuerdo confirmado con mi sangre…»

Pablo, escribiendo a partir del 53 – 57 DC, parece estar citando al Evangelio de Lucas (ya que es el único evangelio que describe a Jesús diciendo a los discípulos “Hagan esto en memoria de mí”). Lucas fue compañero de viaje de Pablo y también fue el Evangelio de Lucas el que Pablo citó en 1 Timoteo. Recuerde que Lucas reunió su material de los testigos oculares disponibles, como Marcos, por lo que es razonable suponer que el relato de Marcos estaba disponible muy temprano en la historia a fin de servir de base para la información que Pablo está citando sobre la Cena del Señor.

Esta evidencia de la datación de los evangelios alrededor de los 50 podría corroborar el polémico descubrimiento de José O’Callaghan (un eminente papirólogo jesuita español). O’Callaghan examinó un fragmento de papiro descubierto en Qumrán en la Cueva 7 (como parte de la colección de los manuscritos del Mar Muerto). O’Callaghan concluyó que este fragmento (llamado el ‘7Q5’) es en realidad un trozo del evangelio de Marcos (Mc 6, 52-53). El fragmento está fechado en 50 DC.

Hay muchas buenas razones para creer que los evangelios fueron escritos muy temprano y que circularon entre los primeros cristianos quienes los leyeron, citaron y conservaron para las generaciones posteriores. Vamos a ubicar la evidencia en la línea de tiempo para visualizar donde están ubicados los evangelios con relación a la vida de Jesús:

 

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Hemos reunido trece piezas de evidencia que establecen la datación temprana de los Evangelios y las hemos organizado de la más reciente a la más antigua por una razón. Al leer la lista de evidencias, llegamos a entender que la primera pieza de evidencia de 250 DC es más validada y apoyada por la segunda pieza de evidencia de 200 DC. Cada pieza posterior continúa apoyando las evidencias previas.

 Tenemos suficiente evidencia interna y externa para concluir que fueron escritos por los testigos originales que vieron a Jesús y aprendieron de él. Mientras que a los escépticos les gustaría afirmar que fueron escritos muchos años luego de la vida de los supuestos discípulos y cerca de los concilios que los afirmaron, la evidencia indica algo diferente.

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Jim Warner Wallace es autor de Cold-Case Christianity, tiene una trayectoria de más de 25 años como policía y detective, posee un Master en Teología por el Seminario Teológico Golden Gate Baptist y es profesor adjunto de Apologética en la universidad de BIOLA.